The last dance from kokof on Vimeo.

"Cada viaje es una aventura. Este, más que ningún otro. La aventura puede traducirse en momentos extraordinarios vividos con personas que conoces aquí y allá. Puede estar a la vuelta de la esquina. Y también puede estar dentro de uno mismo, cada día. Tengo 36 años y practico bodyboard desde hace más de 20. Hoy lo noto. No es ningún secreto: el bodyboard es traumático para el cuerpo. Gracias a sus predisposiciones, algunos consiguen atravesar los años. Otros, como yo, tenemos que tener cuidado y escuchar al cuerpo.

Este viaje tiene un sabor especial. Ha sido reparador, pero sobre todo me ha hecho plantearme preguntas de verdad. Esas a las que, cuando nos apasiona algo, no queremos responder. ¡Los límites! ¿Podemos seguir atacando sin pensar, con la cabeza agachada? ¿Sin pensar en las consecuencias de una maniobra comprometida? ¿Creyendo que seguimos teniendo 20 años?

Lumbagos, rizartrosis... Ahí tienes un primer indicio. Verlo, entenderlo, aceptarlo y convivir con ello. Me hago mayor y tengo que adaptarme. Lloré durante muchas de estas sesiones grabadas. De dolor. De incomprensión. Y sobre todo de rabia. ¿Por qué ahora? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿¿¿Por qué???

Adaptarme. Esa ha sido mi línea durante este viaje. Dejar de lanzar ciertas maniobras, cambiar algunas líneas, evitar ciertos apoyos y vendarme. Hoy tengo que vivir con estas manos que no dejarán de avisarme. Cambiar mis hábitos alimentarios, dormir con férulas, no provocar estos dolores. Adaptarme. El título del vídeo nace de esta experiencia. No quiero dejar el bodyboard. Es una pasión que me hace feliz y me hace sentir vivo. La comparto con mi media naranja. Viajamos, conocemos a personas extraordinarias, vemos paisajes espléndidos… ¡Vivimos!"

Mickael Kauffmann

— Bodyboard Center